sábado, 22 de noviembre de 2014

A Mariana




A Mariana

Te apagaste como se apagan las estrellas del cielo
que durante muchas vidas nunca dejan de brillar,
y en las oscuras noches sin luna de nuestras almas
iluminan al intrépido peregrino en su caminar.

Te apagaste, y una densa y negra capa cayó en la ciudad,
corriendo un tupido y pesado velo, imposible de atravesar.
¿Imposible de atravesar? Imposible tal vez, sin el recuerdo
de la luz de tu mirada que desde el cielo lo va a desterrar.

Tu sacrificio, demasiado temprano, gravita por el sinsentido,
forzándonos a asomarnos al abismo donde habita la nada,
para después, con la simple reminiscencia de tu sonrisa
regalarnos el creer, el amar con fuerza y fe renovada.

No, no fue en vano. No fueron en vano tu vida ni tu muerte.
Tu vida fue nuestra dicha, tu gracia nuestro presente.
Tu muerte es terrible dádiva envuelta en desolación,
legado del amor permanente, del vino más amargo libación.


 A.M.B.
Noviembre de 2014

jueves, 4 de septiembre de 2014

Horizontes encontrados



Horizontes encontrados

Amplios y definidos horizontes
cabalgados por nuestras miradas
en un movimiento continuo
cargado de magnetismo
del uno hacia la otra
de la otra hacia el uno
hasta encontrarnos frente a frente
respirando el mismo aire compartido
penetrándonos profundamente
mezclamos olores sudores y lágrimas
disolviéndonos poco a poco
y yo dejo de ser tú
y tú dejas de ser yo
tan sólo queda el mar y el cielo




A.M.B.
Septiembre de 2014


martes, 3 de junio de 2014

Tarde soleada en el balcón



Tarde soleada en el balcón

El leve sonido de unos pedales que comienzan a oxidarse. Una distante conversación entre un grupo de ancianos sentados en un banco. Una niña pidiéndole un helado a su madre para merendar. El canto de unas cotorras en los plátanos del parque.
De repente un claxon.
Una ruidosa motocicleta de pequeña cilindrada ruje a lo lejos. Las ruedas de un carrito de la compra repiqueteando en las baldosas de la acera, persiguiendo a una señora gorda y teñida de rubio. El bastón de madera de un decoroso señor mayor con sombrero, traje gris y maletín, golpea el suelo a cada paso. El carraspeo del girar de una rueda de un mechero cuya llama calienta una piedra de costo que se quieren fumar dos macarras.
Pían los gorriones y zurea un palomo solitario.
Cruza un sonoro monopatín, sobre el que se desliza ágilmente un aún más sonoro adolescente con pinta de estar enfadado con el mundo. La brisa mueve las hojas de la libreta que rompe en tímido aplauso. Entra la primera en una motocicleta deportiva a la que acaba de subirse, de paquete, una rubia delgada. Llega el tren tracateando, siempre tan provocador. Por un rato, el rumor de su motor en punto muerto inunda el ambiente, no se oye nada más. Por fin se va, vacio, y suena la inocente voz de un niño con gorrita roja que monta una diminuta bicicleta naranja. Los tacones de una exuberante morena, con minifalda y pintoresco peinado, anuncian su llegada. Las tres ruedas de un patinete rosa vibran contra el carril bici camino del parque. Chirrían ocultos los frenos de un coche. El sonido mordido de un sombrero blanco al caer bocabajo; se le ha volado de la cabeza a una joven. Un simpático perro, tan cansado como su amo, ladra sin ganas al otro lado de las vías, una sola vez. Sisean los álamos mecidos por el viento en la Alamedilla.
La pluma rasga el papel con sonido de piedra afilando un cuchillo. Por un instante se oye hasta la música que la tierra produce al girar sobre sí misma.
Una tarde soleada, en el balcón del 7ª-A de la Avenida Campoamor.




A.M.B.
Junio de 2014

jueves, 29 de mayo de 2014

El deseo (desiderare)



El deseo (desiderare)

Ese anhelo crepuscular
que inevitablemente
inunda el alma
de luz de oro rojo,
                pasión,
que desde el poniente
como puñales se clava.



A.M.B.
Marzo de 2013